martes, 3 de noviembre de 2009
Intolerancia en la Unión Soviética. Parte2. Fui sentenciado a muerte dos veces.
PYOTR KRIVOKULSKY AÑO DE NACIMIENTO 1922 AÑO DE BAUTISMO 1956 OTROS DATOS Antes de aprender la verdad, había estudiado en un seminario. Pasó veintidós años en diversas prisiones y campos de trabajos forzados. Falleció en 1998. EN 1940, los Testigos polacos empezaron a predicar en la región de Ucrania donde yo vivía. A mí me visitó un hermano ungido llamado Korney. Estuvimos hablando toda la noche, y quedé convencido de que lo que me había dicho acerca de Dios era la verdad. En 1942, las fuerzas soviéticas se retiraron de mi región debido al avance de las tropas alemanas. Reinaba la anarquía. Los nacionalistas ucranianos me presionaron para que luchara a su lado en contra de los alemanes y de los soviéticos. Cuando les dije que no iba a hacerlo, me golpearon hasta dejarme inconsciente y me arrojaron a la calle. Aquella misma noche regresaron por mí y me llevaron a un lugar de ejecución en masa. Una vez allí, volvieron a preguntarme si serviría al pueblo ucraniano. Al oírme decir con voz fuerte y firme: “¡Solo serviré a Jehová Dios!”, me sentenciaron a muerte. En el momento en que uno de los soldados dio la orden de disparar contra mí, otro intervino y, agarrando el arma, gritó: “¡No dispares! Todavía puede sernos útil”. Otro hombre, lleno de ira, se puso a golpearme y juró matarme él mismo en menos de una semana, pero a los pocos días lo mataron a él. En marzo de 1944, las tropas soviéticas regresaron a nuestra región y se llevaron a todos los hombres, incluido yo. Esta vez era el ejército soviético el que necesitaba combatientes. En el lugar donde nos reunieron había setenta Testigos, entre ellos Korney, el hermano que me había dado a conocer la verdad. Nos manteníamos separados de los otros hombres y nos animábamos unos a otros. En cierto momento se nos acercó un oficial y nos preguntó por qué no estábamos junto a los demás. Korney le explicó que éramos cristianos y que no podíamos tomar las armas. Inmediatamente se lo llevaron y nos dijeron que lo iban a fusilar. No lo volvimos a ver más. A continuación se pusieron a amenazarnos con fusilarnos a todos, como habían hecho con él, y nos fueron preguntando uno por uno si nos alistaríamos en su ejército. Cuando me tocó el turno y dije que no lo haría, tres soldados y un oficial me llevaron al bosque. El comandante leyó la sentencia del tribunal militar: “Por negarse a llevar el uniforme y tomar las armas, será ejecutado por un pelotón de fusilamiento”. Oré fervientemente a Jehová, y luego empecé a preguntarme si me aceptaría como siervo suyo, pues aún no había tenido la oportunidad de bautizarme. De pronto oí al comandante gritar: “¡Disparen contra el enemigo!”. Pero los soldados dispararon al aire. Entonces el oficial se puso a golpearme. Me sentenciaron a diez años de prisión y terminé en uno de los campos de trabajos forzados del oblast de Gorki, en el interior de Rusia. En 1956 me pusieron en libertad, y posteriormente me casé con Regina, una Testigo muy fiel. Solo llevábamos casados seis meses cuando me detuvieron inesperadamente y me sentenciaron a otros diez años de prisión. Cuando por fin salí en libertad, un oficial me dijo: “En tierras soviéticas no hay lugar para ti”. Estaba equivocado. ¡Qué reconfortante es saber que la Tierra pertenece a Jehová y que es él quien determina quién vivirá para siempre en ella! (Sal. 37:18.) (Anuario de los testigos de Jehová 2008)
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