El gobierno soviético no pretendía exterminar a los Testigos, sino convertirlos a la ideología soviética, bien mediante la persuasión, bien mediante la fuerza. Para conseguir su objetivo se valieron del Comité de Seguridad del Estado (KGB). A continuación aparecen algunos de los métodos que utilizaba la KGB. Registros domiciliarios. Registraban las casas de los Testigos, incluso por la noche. Lo hacían con tanta frecuencia que algunas familias se vieron obligadas a mudarse a otro lugar. Vigilancia. Además de intervenir el teléfono y el correo de los hermanos, colocaban micrófonos ocultos en sus casas. Imposición de multas por reunirse. En toda Rusia, las autoridades locales trataban de averiguar dónde se congregaban los hermanos, interrumpían las reuniones y multaban a los asistentes. Con frecuencia, la multa ascendía a la mitad del salario mensual promedio, o incluso más. Soborno y chantaje. A algunos Testigos, la KGB les prometió apartamentos en el centro de Moscú y también automóviles a cambio de su colaboración. En muchos casos, a los hermanos les decían que si no colaboraban pasarían años en campos de trabajos forzados. Propaganda. En el cine, la televisión y la prensa se pintaba a los Testigos como una amenaza para la sociedad. En las cárceles y los campos de trabajos forzados incluso se daban discursos en los que se acusaba a los hermanos de, supuestamente, utilizar la Biblia como excusa para promover sus ideas políticas. Toda aquella propaganda hizo que los Testigos sufrieran un trato discriminatorio: los niños recibían bajas calificaciones y a los trabajadores se les negaban los beneficios o las vacaciones que les correspondían. Infiltración. Hubo agentes de la KGB que, fingiendo interés en el mensaje del Reino, estudiaron la Biblia con los Testigos y llegaron a bautizarse. Algunos hasta consiguieron ocupar puestos de responsabilidad en la organización. Querían detener la predicación creando divisiones y levantando sospechas entre los hermanos. Deportación. A muchos Testigos se les envió a zonas remotas del territorio nacional, donde tuvieron que efectuar agotadores trabajos físicos durante doce horas diarias para ganarse a duras penas la vida. En invierno tenían que soportar un frío glacial, y en verano, las picaduras de mosquitos y tábanos. Confiscación y separaciones. Les confiscaron sus tierras, sus casas y sus bienes. Hubo niños que fueron separados de sus padres Testigos. Burlas y palizas. Muchos Testigos, incluidas mujeres, recibieron insultos, burlas y, en algunos casos, hasta palizas brutales. Encarcelamiento. El encarcelamiento tenía el objetivo de obligar a los Testigos a renunciar a su fe o aislarlos de sus hermanos. Campos de trabajos forzados. Los hermanos de los campos estaban exhaustos. Muchas veces tenían que cavar en la tierra para sacar enormes tocones de árboles. También trabajaban en las minas de carbón, en la construcción de carreteras y tendiendo líneas de ferrocarril. Los prisioneros vivían en barracones, separados de sus familias. (Anuario de los testigos de Jehová 2008)
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